Mayoría de niños paraguayos trabaja y sufre en el campo
Mientras la mayoría de los programas y proyectos públicos y privados se centra en las zonas urbanas, el 60,3% de los niños, niñas y adolescentes paraguayos trabaja en el campo. Un estudio revela que esta situación afecta su bienestar.
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El hecho de trabajar en el campo afecta la educación de los niños, niñas y adolescentes |
LA COSECHA FUTURA
En nuestro país trabajan en el campo 194.744 niños, niñas y adolescentes, el 60,3% del total de trabajadores de esta edad, según la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) 2004 de la Dirección General de Estadística, Encuestas y Censos (DGEEC). En la ciudad trabajan 127.083 niños, niñas y adolescentes (39,3%).
El hecho de trabajar en el campo afecta la educación de los niños, niñas y adolescentes, ya que, según la EPH 2004, solo el 64,3% de ellos asiste a instituciones educativas, y esta cantidad disminuye conforme van creciendo. Un estudio realizado por la organización Movimiento por la Paz , el Desarme y la Libertad (MPDL) en tres localidades del departamento de Canindeyú apunta que trabajar en el campo significa para los niños, niñas y adolescentes exponerse y manipular sustancias inflamables o combustibles, soportar largas jornadas de trabajo bajo temperaturas elevadas, lejos de centros de salud o servicios sanitarios. La investigación, que se realizó en 2005 y contó con el apoyo de la Oficina Internacional del Trabajo (OIT) y la Agencia Española de Cooperación Internacional (AECI), encontró en los tres distritos a 388 niños y 417 niñas que realizan actividades agrícolas, de los cuales la mayoría tiene entre 5 a 11 años de edad. Las actividades más frecuentes desarrolladas por los niños, niñas y adolescentes son cosechar y carpir, según el estudio, que añade que en el 86,2% de las fincas trabajan personas de menos de 18 años de edad. El informe menciona que la mayoría de los niños y niñas asiste a la escuela, pero su escolaridad va disminuyendo conforme pasan los años, siendo muy pocos los adolescentes que van al colegio.
La mayoría de los niños, niñas y adolescentes trabaja de una a cinco horas por día, y alrededor del 15% de los adolescentes trabaja más de 5 horas al día, exponiéndose al sol y al calor, soportando temperaturas de entre 30 y 39 grados, y también aguantando el frío, indica el estudio. Los niños, niñas y adolescentes trabajadores de estas localidades están expuestos a agroquímicos que se utilizan en el proceso de producción, y la gran mayoría tiene algún componente organoclorado u organofosforado, cuyo uso está reglamentado o prohibido. El 22,8% de los trabajadores realiza pulverización con agroquímicos, y la mayoría dijo que tiene algún problema de salud por la exposición a estos productos. DEBE SER PROHIBIDO El trabajo infantil rural figura en la lista de trabajo infantil peligroso de la OIT , aprobado por el Estado paraguayo en 2001, porque implica la exposición a gases tóxicos y el contacto con productos, sustancias u objetos de carácter tóxico, combustible o carburante; la manipulación, transporte, venta, aplicación y disposición de desechos; y la exposición a temperaturas extremas de frío y calor.
De esta manera, según el Convenio 182 de la OIT , ratificado por el Estado paraguayo, este tipo de trabajo debe ser prohibido para las personas que tienen menos de 18 años de edad. El libro del MPDL subraya que las Consejerías Municipales por los Derechos de la Niñez y la Adolescencia (CODENIS) deben ocuparse de la problemática del trabajo infantil rural desde la perspectiva de los niños, niñas y adolescentes, y también de sus familias. La publicación recomienda que estas instituciones intervengan en esta situación realizando campañas de sensibilización, fomentando el acceso de niños y niñas a las escuelas, atendiendo la salud de ellos, asistiendo a las familias para mejorar sus condiciones económicas, así como denunciando los casos de violación de los derechos de la niñez. DIA MUNDIAL
El día 12 de junio se recuerda el Día Mundial contra el Trabajo Infantil, instituido por la Organización Internacional del Trabajo (OIT), y lleva el lema “Agricultura libre de trabajo infantil.
Más de 132 millones de niños y niñas entre 5 y 14 años trabajan en la agricultura en todo el mundo, según cifras de la OIT. Ellos representan el 70% de todos los niños y niñas que trabajan en el mundo y constituyen un grupo muy vulnerable debido a los peligros que entraña esta actividad.
Ante este panorama, la OIT hace un llamado especial a los gobiernos y a la sociedad en general para redoblar los esfuerzos que se están realizando para prevenir y combatir la explotación de niños, niñas y adolescentes en el sector rural. Enfrentar el trabajo de los niños y niñas en la agricultura, especialmente aquel que reviste peligros y riesgos para su educación, salud e integridad, es una cuestión urgente e inaplazable, destaca la OIT.
Considera que las acciones deben incluir la aplicación efectiva de la ley vigente en los países para prohibir que los niños y niñas realicen actividades peligrosas en la agricultura, y la puesta en marcha de medidas de seguridad y programas de capacitación para quienes están en edad de trabajar. Agrega que los trabajadores rurales suelen estar entre los grupos de población más pobre, por ello enfrentar el trabajo de los niños y niñas en la agricultura requiere mejorar las condiciones de vida de estas zonas e incorporar el objetivo de prevención y reducción del trabajo infantil en programas destinados a incrementar los ingresos y a mejorar la salud y la seguridad en este sector. La solución al problema del trabajo de los niños y niñas en la agricultura está directamente vinculada con la posibilidad de que los productores obtengan precios justos por sus productos. Subraya que el tema de la educación es crucial para enfrentar el trabajo infantil en la agricultura, pues a pesar de que muchos padres y madres desean que sus hijos e hijas estudien, no pueden asumir los costos de la escolarización y optan por enviarlos al trabajo en el campo: por ello es urgente que los gobiernos se esfuercen en ofrecer una educación gratuita de calidad o por lo menos a un costo que las familias puedan asumir.
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