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OPINIONES - FEDERICO TATTER
21 DE MAYO DE 2007

Las cloacas de la oligarquía latinoamericana

HASTA DONDE ES POSIBLE SABER, HASTA DONDE ES POSIBLE DESMANTELAR

Comparto este editorial de uno de los principales medios españoles, conocido mundialmente por su muy bien construida integridad y honestidad intelectual.

Sugiero también una lectura precisa del proceso de instauración del terrorismo de estado en un país, Colombia, que a diferencia de los regímenes militares dictatoriales de los setentas, a diferencia de la dictadura militar-policial-partidaria de carácter corporativo como fue en efecto la dictadura stronista en el Paraguay entre los años 1954-1989, que han copado todas las instituciones del estado y gobernado de hecho, y solo con algunas tarimas o fachadas de corte pseudo-institucional, en Colombia, se construye un estado con formalidad democrática o de derecho, cuya cabeza visible es el presidente Uribe, en este caso, pero en forma paralela, secreta, por órdenes de este mismo estado, y sin hacerse cargo de él, se construyen ejércitos clandestinos con planes sistemáticos de inteligencia, seguimiento, apresamiento, tortura y exterminio de vastos sectores de la población civil, incluso relacionándose y hasta copando de hecho los diversos carteles del narcotráfico como medio de financiamiento y control social.

El estado, para el interior y el exterior, con una formalidad, pero con una estructura político-militar secreta subordinada siempre a este estado formal, como si fueran dos cabezas, una blanca y una negra de un proyecto político de control y dominación de un espacio territorial llamado República de Colombia, y que ambos se auto asignan la tarea de gobernar a la vez que combatir en forma de guerra sucia a diversas formas de oposición política y con especial dedicación, una guerra de exterminio a las bases sociales y a los contendientes organizados en la histórica insurgencia rural, la más antigua del continente americano.

En este caso, por exigencia internacional la mano blanca debe investigar a la mano negra, algo muy parecido a la acción de una comisión de verdad, donde se presenta el permanente dilema de "hasta dónde" es lícito o permitido urgar, sacar a la luz los crímenes, los responsables, y los nexos de los criminales en el poder. En tanto que investigar hasta el fondo, significará, muy probablemente, llegar hasta la creación misma de la mano negra por parte de la mano blanca, y la correspondiente determinación de las responsabilidades, de que un estado con fachada constitucional, decide la construcción de todo un estado negro, ilegal y terrorista dentro de sí y para sí.

Dilemas y paralelismos que nos llevan a las fronteras mismas de lo que el medio de comunicación denomina con gran acierto el principal cometido de las comisiones de verdad, que antes que "blanquear" o pintar versiones edulcoradas funcionales al poder de turno, es ni más ni menos, que meter la mano en las muy bien llamadas "cloacas colombianas", cloacas del poder real, del poder fáctico, del poder detrás del poder, de la mafia del poder que no es otra cosa que la coalición al margen de toda ley del comercio delictual con brazos armados ilegales al servicio de una oligarquía ultraconservadora con vocación de perpetuación a pesar del vencimiento, hace mucho tiempo, de su vida útil dentro del planeta, y en cuyo cometido de auto-reproducción por la fuerza han cometido las peores crímenes de lesa humanidad hasta la fecha.

Cloacas colombianas

EDITORIAL. EL PAIS. ESPAÑA. 18 DE MAYO DE 2007. Desde hace tiempo estaba claro que la pacificación de Colombia, especialmente el desmontaje de los paramilitares de ultraderecha, no iba a ser una operación limpia. Cuando se juega a la guerra sucia, ésta acaba saliendo a la luz y salpicando a todos los que la han impulsado. El presidente Álvaro Uribe sigue impoluto. Pero debe cumplir su promesa de llegar hasta el final, pues tras las últimas revelaciones o acusaciones, el país andino está ansioso de conocer toda la verdad sobre unos hechos sumamente oscuros.

El último episodio lo han provocado las declaraciones ante los fiscales de Medellín, donde está detenido, del ex jefe de los paramilitares Salvatore Mancuso, al acusar al vicepresidente Francisco Santos de haberle sugerido crear un frente de ultraderecha armada en el centro del país, y especialmente en Bogotá, y al ministro de Defensa, Juan Manuel Santos, de pedir ayuda para "tumbar" al entonces presidente Ernesto Samper. Mancuso ha hablado de los contactos entre los paramilitares y miembros del actual Gobierno en los noventa, que eran conocidos, aunque en tiempos se explicó que el famoso Pacto de Ralito, de 2001, suscrito entre los paramilitares y un grupo de políticos al margen del entonces Gobierno de Andrés Pastrana, tenía como objetivo refundar el país. Según lo que empezó a salir a finales de 2006 y de hacer caso a Mancuso, fue mucho más allá.

También han salido a la luz las escuchas telefónicas de la policía nacional sobre políticos de la oposición, periodistas y hombres de negocios, lo que ha obligado al presidente a cambiar a los generales que encabezaban esta fuerza y su servicio de inteligencia. A su vez, la Corte Suprema ha ordenado la detención de cinco congresistas, y 14 ex legisladores y antiguos funcionarios, por estas connivencias, mientras un gobernador se ha entregado. La lucha sucia contra la guerrilla izquierdista FARC ha engendrado un monstruo. La afirmación de Mancuso de que "desde arriba" se fomentó el "paramilitarismo" debe ser investigada a fondo por la fiscalía, tanto en lo que se refiere a políticos como a militares que defendieron el ideario derechista de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC). Algunas fosas comunes de personas asesinadas en masa por ellas están siendo descubiertas. Que el paramilitarismo llegara a convertirse en "política de Estado" es un error que está empezando a cobrarse un precio.

El presidente Uribe ha salido en defensa de la "consistencia moral" de sus colaboradores. No bastan ya las palabras para explicar lo ocurrido y garantizar que las Autodefensas Unidas de Colombia no se hayan reproducido bajo otras formas a la sombra de la corrupción. Limpiar todo esto, apaciguando el país, es la gran tarea que aguarda a Colombia.

 

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