Condenan a Paraguay por la dictadura de Alfredo Stroessner
La Comisión Interamericana de Derechos Humanos condenó a la Dictadura de Alfredo Stroessner por la desaparición de ciudadanos paraguayos y extranjeros, ya la transición democrática, posterior a la caída del dictador Stroessner por impunidad.
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La Comisión Interamericana de Derechos Humanos condenó a la Dictadura de Alfredo Stroessner por la desaparición de ciudadanos paraguayos y extranjeros |
La condena de la CIDH al estado paraguayo es histórica. Y por varias razones. La primera, es el reconocimiento explícito y taxativo de la existencia del terrorismo de estado durante la dictadura stronista (1954-1989), que controló, apresó, secuestró, torturó, violó, asesinó, en forma sistemática toda forma de oposición política, social y cultural a su fascista régimen.
La CIDH responsabiliza directamente al estado paraguayo durante la dictadura stronista de planificar fríamente el secuestro y posterior asesinato de paraguayos, que en este caso se tornan representativos de los más de 425 paraguayos, paraguayas y extranjeros que habitaron nuestro suelo, que fueron detenidos desaparecidos sin saberse hasta el día de hoy, por qué lo han hecho, quienes lo han planificado y ejecutado, dónde están sus cuerpos, qué han hecho de ellos, y por qué se han tomado el derecho de transformarse en señores de la vida y de la muerte, sin juicio, sin defensa, sin asumir luego su responsabilidad.
La sentencia de la CIDH, es un alegato contra la dictadura stronista, un alegato a todo lo que representó, un alegato contra la complicidad de otros gobiernos americanos que dejaron hacer a placer todo tipo de violación de derechos humanos en el Paraguay, y especialmente, el más perverso de todos sus crímenes, cual fue la desaparición forzada de personas.
Pero la sentencia de la CIDH, adquiere otra relevancia, no menor a lo anteriormente citado, porque también es una sentencia contra el estado de la transición a la democracia, que a regañadientes y con más retrocesos que avances, quiere verse a si mismo y ser visto ante la comunidad de naciones, como una sociedad plenamente democrática sin cumplir las altas responsabilidad que tal calidad implica.
La sentencia de la CIDH va directamente al estado de la actual transición, porque condena lo que "no ha hecho" el estado paraguayo luego de 1989 hasta nuestros días por los detenidos desaparecidos y por las debidas investigaciones y sanciones por las flagrantes violaciones a los derechos humanos durante décadas.
La sentencia de la CIDH condena el desprolijo caminar en los derechos humanos en estos casi 18 años que ha hecho menos que poco, para buscar a los más de 425 detenidos desaparecidos.
Ha hecho menos que poco, para desmontar realmente el aparato represivo de la dictadura a tal punto que en el 2006 siguen en relevantes puestos y con mando de tropa sospechados de ser torturadores.
Ha hecho menos que poco, porque los perpetradores viven flamantes asilos, exilios dorados, con bienes malhabidos, o bien en el propio país, con protección política y judicial, hasta el fin de sus días en la máxima impunidad, y cuyo más fresco recueerdo es el propio Alfredo Stroessner, que falleció físicamente de causas naturales, sin haber respondido por uno solo de los graves delitos de lesa humanidad por los cuales ha sido denunciado.
Ha hecho menos que poco, para instalar una justicia independiente para juzgar y castigar a los culpables de los crímenes de lesa humanidad, cuando día a día son los personeros del régimen stronista los que manejan los hilos reales del poder y la manipulación en los tribunales, hasta el despropósito que un antiguo funcionario de "La Técnica" se querella panchamente sobre defensores de los derechos humanos.
Ha hecho menos que poco, para internalizar la filosofía de la promoción permanente de los derechos humanos en la administración pública.
Ha hecho menos que poco, para internalizar los derechos humanos en la administración de justicia, en las cárceles, en las comisarías, en los cuarteles, al punto y riesgo de seguir sumando condenas internacionales en su contra.
Ha hecho menos que poco, para cambiar revolucionariamente los planes de estudio de las fuerzas armadas, policiales y de seguridad del estado, los planes de estudio oficiales desde la primaria hasta la universidad.
No ha hecho nada para reducir la inmensa deuda social producto de la dictadura y el terrorismo de estado, con más de la mitad de la población en la pobreza y extrema pobreza, indigencia, desintegración, cuando incluso están pendientes severas pruebas de maltratos y discriminaciones a sectores vulnerables de nuestra sociedad, sin olvidar la histórica deuda con las poblaciones originarias e indígenas.
Y sobre todo, no ha hecho nada, en la recuperación de la memoria de los detenidos desaparecidos, la reivindicación de su lucha social y libertaria, de sus idearios pretendidamente truncados, a tal punto que el discurso y la acción oficial, muy, pero muy lejos de la lucha por los derechos humanos y el cambio social, está solamente centrado en su perpetuación en el poder, en la integración del stronismo como bandera histórica, y la reelección por cien años más bajo la utilización del más cavernario de los populismos, clientelismos y corrupción de ribetes internacionales.
La sentencia de la CIDH es compleja de asumir, es compleja en su múltiple lectura, pero será aún máscompleja de comprender porque condena al estado paraguayo actual a reconocer su responsabilidad por todos los hechos aberrantes cometidos durante décadas, y condena a asumir como política de estado la reivindicación histórica de la lucha de los detenidos desaparecidos así como la lucha de los familiares en su más alta expresión.
La condena de la CIDH al estado paraguayo por ello, es histórica, es aleccionadora, es altamente educativa para la propia salud y existencia de la nación paraguaya. Aunque sinceramente, no creo, que hoy día, haya un sólo funcionario del más alto nivel de la cancillería o la presidencia que, pueda comprender, tan siquiera dos líneas de las más de cien páginas que componen la condena.
Creo también, le corresponderá a otra administración hacer la traducción y decodificación intelectual de la misma. No podrán entenderlo los actuales inquilinos del Palacio de López, ellos todavía no entraron a este siglo 21.
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