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OPINIONES - FEDERICO TATTER
9 DE MARZO DE 2007

Nadie es profeta en su tierra

Y sobre todo si no pertenece al oficialismo que gobierna por más de sesenta años, sin alternancia alguna, el Paraguay.

Fernando Lugo Méndez ha sido fuertemente influido por la teología de la liberación, que surgió en América latina en la década de 1960 y sostiene que la Iglesia Católica tiene una obligación especial de defender a los oprimidos

El hegemónico partido, a veces pseudo moderno, a veces pseudo democratizante, pero profunda y medularmente conservador, y si es preciso, bestialmente dicatorial, como lo demostró durante 35 años, cuando tuvo al frente al ex general Alfredo Stroessner, parece decidido a "demonizar", "satanizar" todas las opciones, candidaturas, proyectos políticos y programáticos que surgen desde la sociedad y que aspiran a un verdadero cambio, desde las endebles garantías constitucionales del presente, hacia un estado de cosas que se acerque más hacia un sistema democrático mínimamente representativo e integrador de las diversas identidades sociales y nacionales.

El feroz ataque mediático y descuartizador surge directamente desde las usinas gubernamentales y del partido oficial, y como conocedores de las operaciones del miedo, (del terrorismo mediático), de la estigmatización, de la simplificación, de la descalificación directa al ser humano. Desean descuartizar a la presa elegida desde varios frentes en forma rápida y contundente. Les surtió efecto en el pasado, y mientras surta efecto en el presente, indudablemente no están dispuestos a cambiar de método, por más de que la metodología esté en contravención directa con el actual sistema de garantías constitucionales controladas del Paraguay actual.

Cualquier alternativa o proyecto que se plantee en serio en el Paraguay un cambio de rumbo radical, mediante la alternancia del partido hegemónico de estado, debe contar con el consenso de por lo menos una parte del propio electorado cautivo y hasta la fecha clientelar del oficialismo, es decir, debe ser integrador e incluyente de por lo menos un segmento con peso real electoral dentro del partido de gobierno.

Por tanto, las operaciones de miedo de ese mismo oficialismo, no son reacciones defensivas ni desesperadas, son acciones muy medidas y evaluadas, porque no solamente van dirigidas a la sociedad no oficialista, sino que están dirigidas también, precisamente a los propios descontentos que tan prolongado y arbitrario ejercicio del poder anidan dentro del propio partido oficial. El fin es producir la polarización necesaria, la simplificación pertinente, medida y dosificada matemáticamente, que permita, a su vez, a la vez que reducir al adversario, reconcentrar las propias fuerzas, que luego, clientelismo mediante, cierren las heridas internas, se renueven los pactos internos, y se cristalice la continuidad a través de nuevos cuoteos, nuevos cargos, nuevos empleos, nuevas promesas de empleos, nuevos sobornos, etc., hasta cuándo? hasta que el estado reviente, o se construya otra hidroeléctrica que dé para pagar tanto jolgorio de las arcas públicas.

La mecánica, parece simple. Lo extraordinario es que hace sesenta años no falla, y allí radica su principal y única fortaleza. No existe casi nadie en el Paraguay que haya vivido una sociedad diferente al sometimiento actual. El tener la capacidad de demostrar rápidamente que el sistema es y será infaliblemente oficialista "per secula seculorum" es la principal garantía. Que los resortes siguen aceitados, que la mecánica de la eternidad clientelar y caudillista sigue funcionando, y que más vale que las ovejas descarriadas sigan nomás dentro del redil, porque afuera, el invierno será largo y cruel (sólo quienes han conocido el calor del poder, pueden dimensionar el verdadero frío de la llanura), y para los que se salen de él, nada bueno les esperará, más que el tradicional maltrato que se da al conjunto indiferenciado de la sociedad. El que ha propinado golpes, sabe tan bien como la víctima, cuánto duelen.

La sociedad paraguaya ha sido marcada por los golpes, sobre varias generaciones, aplicados en forma tan frecuente y sistemática que la humillación del estado sobre la sociedad es hoy un lugar común. La sociedad paraguaya está lamentablemente muy habituada a ser sometida y tratada como ganado, manejable, utilizable y finalmente descartable, con muy honrosas y heróicas excepciones, y todavía no conoce el cambio real, ni se imagina lo que significa realmente vivir y comprometerse en una sociedad democrática.

Quien se anima a emprender el sendero del cambio real, a pesar de la demonización virtual y casi real, prometida por el estado, es una conocida figura del mundo eclesial, que deja los hábitos por imposición constitucional y se ofrece a caminar junto a una sociedad disgregada y atomizada durante décadas en busca de una opción de poder para el cambio en el Paraguay. La decisión tomada indica que, a la edad y el rango llegado (el máximo dentro de la iglesia católica), conoce perfectamente las consecuencias, que está conciente que desde el inicio deberá soportar duros trajines que en su vida los habrá imaginado, y finalmente indica, de que está convencido en vencer, en pasar con la frente en alto la dura prueba. Comparto este material de la prensa internacional sobre este ciudadano paraguayo que comienza a ser nombrado cada vez con mayor insistencia.

Fernando Lugo Méndez: monseñor candidato

Por Larry Rohter. ASUNCIÓN.- LA NACION, ARGENTINA. Sus detractores lo acusan de "rojo" e intentan identificarlo con Hugo Chávez para minar su candidatura, pero este obispo que renunció al sacerdocio para pelear por la presidencia rechaza las etiquetas y se afirma como una seria amenaza a la hegemonía del Partido Colorado. Ningún partido político actualmente en el poder en parte alguna del mundo ha gobernado por más tiempo que el Partido Colorado aquí, ni siquiera la dinastía comunista de la familia Kim en Corea del Norte. Pero un obispo católico apostólico romano carismático recientemente suspendido por el Vaticano amenaza esa hegemonía y se ha colocado ya a la cabeza en la carrera presidencial rumbo a las elecciones del año entrante.

Conocido como "el obispo de los pobres", Fernando Lugo Méndez ha sido fuertemente influido por la teología de la liberación, que surgió en América latina en la década de 1960 y sostiene que la Iglesia Católica tiene una obligación especial de defender a los oprimidos. Sin embargo, es renuente a posicionarse en el espectro político. Afirma que le interesan las soluciones, no las etiquetas. "Como suelo decir, el hambre y el desempleo, al igual que la falta de acceso a los servicios de salud y a la educación, no tienen ideología", dijo Lugo en una entrevista reciente. "Mi discurso, mi persona y mi testimonio están por encima de los partidos políticos, cuyos propios miembros están deseosos de cambio y quieren poner fin a un sistema que favorece estrechos intereses partidistas por encima de los del país".

El Partido Colorado gobierna Paraguay desde 1947. El general Alfredo Stroessner encabezó una dictadura notoria por su corrupción y brutalidad de 1954 a 1989, pero gracias a su fuerte control del clientelismo y la burocracia, el partido logró retener el control del gobierno aún bajo el actual sistema de elecciones libres. Lugo, de 55 años, es un orador que atrapa al auditorio, tanto en español como en guaraní, el idioma indígena que hablan los campesinos y los pobres de la ciudad, que componen la mayoría de la población en este país mediterráneo de 6,5 millones de habitantes. En sus discursos suele atacar la corrupción y la injusticia. Dice, por ejemplo, que "hay demasiadas diferencias entre el pequeño grupo de 500 familias que viven con un nivel de vida de primer mundo, mientras que la gran mayoría vive en la pobreza al borde de la miseria".

Fuerte respaldo 

Encuestas recientes ubican a Lugo como la figura política más respetada y popular en el país, con ventaja sobre todos los demás candidatos. Pero tanto la Iglesia como el Estado buscan cerrarle el paso rumbo al palacio presidencial, lo que ha llevado a algunos de sus partidarios a amenazar con salir a las calles si se lo descalifica. La constitución prohíbe a los clérigos de cualquier religión ocupar cargos electivos y la Iglesia católica impone una prohibición similar a su clero. Lugo renunció al sacerdocio en diciembre para liberarse de esas restricciones, diciendo: "Desde hoy en adelante, mi catedral será la nación". Pero el Vaticano, además de suspenderlo de sus deberes, rechazó su pedido de ser laicizado. En una carta difundida el 1 de febrero, el cardenal Giovanni Battista Re, el funcionario del Vaticano que supervisa a los obispos, escribió que Lugo debe "permanecer en el estado clerical y seguir comprometido por sus deberes" porque "el episcopado es un servicio que se acepta libremente y para siempre". Y agregó que "la candidatura de un obispo sería causa de confusión y división entre los fieles, una ofensa a los laicos".

Monseñor Lugo -tanto él como sus seguidores usan el título, que es utilizado para los obispos en América latina, pese a su renuncia al clero- ignoró ese dictamen y anunció su candidatura. Funcionarios de la Iglesia han respondido con amenazas de sanciones más severas, alertando al obispo paraguayo que "se está exponiendo al castigo de la excomunión", a menos que desista. Cuestionado su estatus clerical, parece probable que sólo la Corte Suprema o el tribunal electoral estén en condiciones de decidir si puede ser candidato. Sus asesores legales sostienen que el edicto del Vaticano no tiene validez judicial en Paraguay. Pero aquí se considera que tanto la Corte como el tribunal electoral están controlados por el Partido Colorado y, por lo tanto, se inclinan a impedir que sea candidato.

"El gobierno va a tratar de usar los argumentos de la Iglesia para sacarlo del campo de juego, pero Paraguay es un estado laico y la Constitución, no la ley canónica, es la autoridad final", señaló Rafael Filizzola Serra, parlamentario que apoya a Lugo y es especialista en derecho constitucional. "El Papa no tiene autoridad para decirle que no puede ser candidato. Lugo ha renunciado al sacerdocio y tiene el mismo derecho que cualquier ciudadano a ser candidato". José Alberto Alderete, presidente del partido gobernante, rechazó tajantemente toda especulación de que el gobierno maniobre para excluir a Lugo de las boletas. "Queremos competir", dijo, y aseguró que confía en la victoria porque el suyo es "el partido del cambio". Igualmente criticó a Lugo diciendo que era un agitador peligroso y divisionista. "Hoy predica e incita a la rebelión y la confrontación" en su campaña en vez de "promover la paz, la comprensión y la unidad desde el púlpito", dijo Alderete. "Gana apoyo en algunos sectores pero despierta temores y desconfianza en otros".

Con Chávez y con Evo

Los adversarios de Lugo buscan debilitar el apoyo a su candidatura de la clase media, que ha respondido fuertemente a su postura en contra de la corrupción, presentándolo como un "obispo rojo" y un "sacerdote radicalizado" que haría virar a Paraguay marcadamente a la izquierda. Sugieren que si es elegido inmediatamente se alinearía con el presidente Hugo Chávez, de Venezuela, y el presidente Evo Morales, de la vecina Bolivia. En entrevistas publicadas en los medios locales, Lugo ha descrito lo que Chávez llama su "socialismo del siglo XXI" como "interesante y diferente" y "muy estimulante". Pero cuando se le pidió que especificara lo que le gusta de eso, se esforzó por distanciarse del modelo venezolano y dijo que su relación con la embajada de Estados Unidos es "muy cordial y abierta" y que seguiría así si llega a la presidencia.

"Para mí, el valor del experimento venezolano es la dimensión social, la mejor distribución de la riqueza para beneficio de la mayoría pobre", dijo. Pero sostuvo que ese enfoque también está "ligado a una fuerte dosis de estatismo, totalmente al servicio de una persona", y una "falta de pluralismo" que "es peligrosa para una verdadera democracia". Dejó en claro que le incomoda que se refieran a él como a un "salvador" o "mesías" para Paraguay, como han sugerido tanto sus seguidores como sus detractores. Su estilo político, dicen quienes lo han observado, subraya la cooperación en vez de la confrontación y la conducción en colaboración más que el culto a la personalidad. "Como sacerdote tiene buen dominio de la dinámica de grupo y es también un gran organizador", observó Marcial Riquelme, un sociólogo paraguayo. "Sabe cómo unir a personas que no simpatizan entre sí y mediar entre los diversos sectores para reconciliar sus intereses. Esa es una capacidad llamativa en un país donde normalmente todos nos peleamos salvajemente".

 

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