El Trío de la muerte: Bush, Blair, Aznar
Y sobre todo si no pertenece al oficialismo que gobierna por más de sesenta años, sin alternancia alguna, el Paraguay.
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Tony Blair, George Bush, y José Maria Aznar |
En el discurso y la argumentación política, a veces, para enfatizar o centrar, se recurre a giros que apelan al chascarrillo como los graciosos giros del calificado articulista que comparto para su lectura. A pesar, o más bien, para hacer más digerible la temática específica a abordar, cual es la más deleznable orgía de horror, terror, sangre y muerte, frente a nuestros ojos y conciencias que estamos viendo todos los días. Consecuencias directas de las acciones planificadas y ejecutadas por los tres hombres que cito más arriba en uso y abuso de sus funciones y prerrogativas, el Presidente de los Estados Unidos de América, y los primeros ministros de Gran Bretaña y España respectivamente. A los tres, no les tembló la mano, lo hicieron a tambor batiente, lo llevaron adelante concientemente, y se ufanaron públicamente de ello.
El articulista no es el primero en alzar la voz, tampoco es la primera vez que lo hace, tampoco es posible medir la influencia de sus palabras, e incluso, tampoco, me es posible constatar, que además de su postura pública como articulista, está actuando en consecuencia, pues una figura pública influyente como la suya, estoy seguro, podría o debería siempre llevar al terreno de la acción práctica lo enunciado.
Este verdadero trío de la muerte, merecen ser llevados al Tribunal Penal Internacional, para dar explicaciones el mundo de las atrocidades cometidas, barbaridades que para vergüenza de esta nuestra humanidad, no han cesado aún, e incluso, tampoco. Todavía sabemos "todo" lo que han hecho. Sólo nos llegan, cada vez con más fuerza, a pesar de estar al "otro lado del mundo" los quejidos del martirio de seres humanos envueltos en un pandemonium que tiene a tres responsables muy bien identificados.
Irak, la guerra "por si acaso"
Felipe González
EX JEFE DE GOBIERNO ESPAÑOL Clarín. Argentina.
Ya que no somos profundos, seamos al menos oscuros", decía Alfonso de Cossío, cuando nos explicaba derecho hipotecario. Peor que la oscuridad que oculta la falta de profundidad, es la inconsistencia. Esa es la impresión que tuve cuando oí al ex jefe de gobierno José María Aznar reconocer que no sabía que no existían armas de destrucción masiva en Irak, añadiendo que nadie lo sabía entonces. No lo sabía él ni nadie en aquel momento de declarar la guerra, explicaba satisfecho en su penetrante argumento. Y recibía, como en el debate del Congreso que amparó su decisión, aplausos y risas de los suyos.
Hace cuatro años de aquella decisión del trío de las Azores y la guerra sigue en un crescendo sin fin. Es evidente que no sabían que había armas de destrucción masiva en Irak, porque no las había.
Bush, Blair y Aznar declararon esa guerra atroz "por si acaso". Intentaron desacreditar los informes negativos, como queda al descubierto en el caso judicial del hombre de confianza de Cheney. Con estúpida arrogancia, nos embarcaron en un conflicto sin causa pretendiendo demostrar al mundo que ya se vería cómo ellos tenían razón y los demás se equivocaban.
En este cuarto aniversario, los dirigentes del PP y su complejo de apoyo "neocón" insisten en que no interesa a nadie esta guerra. Y pueden tener razón si se refieren a seguir hablando de las mentiras que nos llevaron al conflicto, pero es imposible eludir el debate, por responsabilidad, para contribuir a una salida al desastre en que se ha convertido para todos, no sólo para los iraquíes. La terrible actualidad del conflicto y sus consecuencias no permite despacharlo ni con banalidades, ni mirando para otro lado.
Ni en Irak, ni en la región, ni en Europa, ni en el mundo, se puede afirmar que el terrorismo que decían combatir haya disminuido. Sólo los irresponsables pretenden que no hablemos de un conflicto que amenaza con extenderse a todo Oriente Medio y a la Europa a la que pertenecemos, en forma de atentados terroristas como los que padecimos en España y en Gran Bretaña. Y lo más dramático es que lo logran, en medio de este ruido crispado en el que nos introducen para colocar en la agenda las mentiras con las que quieren distraer y confundir.
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